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El infiltrado

Como infiltrados, topos en jerga policial y de seguridad, hay en todos lados, no sería para nada extraño que el Ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau, juegue a dos bandas, para el gobierno y para el bando contrario.

Que quede meridianamente claro, no es que nuestro zar de la seguridad, pase la pelota a los bandidos, sino que, tras su disfraz de militante republicano, se escondería un corazón frenteamplista, ahora bien, que a frenteamplistas alguien los considere La Banda de los Chicos Malos de Disney, no me explayó.

De otro modo, no se explica por qué el Ministro Arrau, mantuvo en secreto y no le contó a nadie, ni siquiera a los demás partidos de su coalición, el proyecto de reforma constitucional en materia de seguridad que generó profundas críticas en la oposición, pero también en su sector.

Se equivocó, entonces, quien señaló que el actual gobierno es fome, no solo por la espectacularidad que imprimieron al traslado de presos al Complejo Penitenciario La Laguna en Talca, sino también porque el proyecto de seguridad dejó ver profundas diferencias en la alianza de gobierno, era cosa de tomar palco, escucharlos y entretenerse.

De uno y otro lado están de acuerdo en que no era momento oportuno embarcarse en una reforma constitucional, menos hablar de llamar a un plebiscito, por más que las encuestas digan que las personas a cambio de seguridad están dispuestas a restringir sus libertades; si es por hacerles caso a las personas, deberíamos cambiar el código penal por la ley del talión y el procesal penal por el malleus malleficarum con el cual se procesaba y quemaba a las brujas durante la inquisición.

El caso es que, si la oposición andaba a tientas, desunida, desconcertada y sin relato, el proyecto de seguridad le vino como anillo al dedo para reunirlos, generar un transversal discurso opositor y tachar al gobierno de iliberal, todo gracias a contar con un puro y sincero militante oculto en los pasillos de palacio.


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