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Sátiras, pifias e incivilidades

 La sátira política en Chile está presente desde nuestro proceso independentista, varias de esas imágenes están disponibles en memoriachilena.gob.cl de la Biblioteca Nacional, allí uno puede solazarse o espantarse de imágenes creadas por liberales o conservadores que grafican la ácida crítica que existía entre opositores.

Sátira y república, fueron, entonces, de la mano, hubo incluso revistas y periódicos orientados exclusivamente a la sátira, como Topaze y, en cierto modo, algunas portadas de Puro Chile, sin olvidar la pluma inolvidable de Eugenio Lira Massi en sus libros la Cueva del Senado y los 45 senadores y La Cámara y los 147 a Dieta, en la segunda mitad del siglo pasado pre Golpe de Estado, o Hervi y Ruffino en las revistas Ercilla y Hoy, en plena dictadura militar.

A inicios del Siglo XXI, siguió en parte la tradición satírica el periódico The Clinic, coincidiendo con los años de la Concertación que hoy, de manera transversal, se reconoce como uno de los mejores periodos de la historia de nuestro país.

Temer a la sátira política o buscar acallarla, puede, entonces, ser visto como un primer signo de debilidad de nuestros gobernantes y políticos, aun cuando no hay mejor antídoto para enfrentar las burlas que la frase “Dejad que los perros ladren Sancho, es señal de que avanzamos”, lo contrario es ponernos demasiado graves.

Sin embargo, en los actuales tiempos de epidermis sensibles y de la cultura de la cancelación, sea ya de izquierda o de derecha, cultivar la sátira puede ser peligroso, porque ya no se podría ni siquiera ni pifiar, cuestión que tiene muy preocupada a nuestra querida señora Juanita, porque si se les ocurre tipificar como incivilidad el pifiar, doña Juanita se pregunta si aquello ¿significará acaso que al querido monstruo de la Quinta Vergara lo van a mandar a enjaular?

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