De un tiempo a esta parte don Cristian Warken nos tiene como mal acostumbrados, porque debemos con mucho esfuerzo practicar una activa lectura crítica de sus columnas y opiniones, lo cual lejos de incomodarnos, le agradecemos, no todos tenemos la capacidad de pensar y escribir bonito como él.
En la última de sus columnas “Socialdemócratas
extraviados”, critica a los personajes del socialismo democrático que apoyan a
Jara, en contraposición a las figuras de la ex Concertación que adhieren a la
candidatura de Matthei ¿Hay acaso una alternativa más razonable que la de Matthei para evitar
que otra vez estemos condenados a elegir entre extremos?” se pregunta Warken.
Hasta
aquí todo bien, salvo por el hecho que don Cristian señala al inicio de la misma
columna que “en esta campaña han escaseado las ideas y propuestas de fondo
sobre el país que queremos, y han abundado, en cambio, los eslóganes,
consignas, propuestas populistas y “memes”.
Lo
anterior, lo reafirma en su reciente entrevista en Reportajes de El Mercurio,
allí señala que la campaña presidencial de los 8 candidatos no le entusiasma “parece
más una carrera entre influencers que de políticos que aspiran a dirigir la
nación”, afirma. “Y, lo más grave, nadie habla de lo más importante: la
educación”, remarca.
Ahora
si de verdad él considerara que ninguno de los candidatos estaría a la altura y
la campaña parecería competencia de reality, ¿por qué entonces llamar a votar
por alguno de ellos”.
¿No
sería más coherente y sincero que el día de las elecciones surja un repentino
viaje a más de 200 kilómetros del lugar de votación, perderse en medio del
bosque, estepa patagónica o desierto nortino?. Si alguien después preguntase por
quién votó, señalar que no lo hizo, no por espíritu apóstata, sino que ese día
–“¡Oh casualidad!”- andaba extraviado, en la selva valdiviana, por cierto,
sería en su caso.
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