El abogado Claudio Fierro, estuvo recientemente en Punta Arenas capacitando a defensores públicos sobre recursos de nulidad, actividad organizada por la unidad regional de estudios de la Defensoría Penal Pública regional de Magallanes, con el fin de nivelar a los nuevos defensores y actualizar los conocimientos de la plantilla de defensores públicos de Magallanes.
“Es un honor que me llamen y lo veo como un reconocimiento por haber trabajado tanto tiempo en la Defensoría Penal Pública”, dice el abogado que hasta principios del presente año fue el encargado de la Unidad de Corte de la Defensoría Nacional y uno de los referentes al momento de litigar recursos ante las cortes de Apelaciones y Corte Suprema.
Para Fierro,
quien se considera a sí mismo un procesalista penal, los tres elementos que
todo defensor debe tener en cuenta para redactar un buen recurso serían primero
leer la sentencia, tener clara la teoría del caso que se pretende con el
recurso y un correcto análisis para preparar los mejores argumentos durante el alegato.
Pasión
“Tengo la absoluta seguridad que antes de
hacer un alegato siempre están los nervios, la adrenalina siempre es relevante
para estar atento”, agrega. “Hay que imprimirle pasión, hay que tener
convicción, no se puede alegar sin convicción, sin pasión y corroborarlo con
una buena preparación del alegato”, sostiene.
Y en
ello ¡vaya que Fierro formó escuela!, porque a poco andar de su ejercicio como
abogado comprendió que los recursos, al igual que la obra dramática tienen dos
lecturas, una el texto escrito y otra la puesta en escena o argumentación en
estrado. Tal vez aburrido de presenciar alegatos de colegas como si fueran dichos
por un robot, buscó innovar e imprimirle un sello personal a su litigación, se inscribió
en un taller de cuenta cuentos e incorporó a su bagaje jurídico destrezas de la
narración oral en sus alegatos.
Porque
si para una artista la función de su obra creativa es conmover, para él un buen
recurso debe seducir, persuadir y convencer, utilizando en su argumentación
oral tonos, giros idiomáticos, figuras retoricas y diversas citas literarias,
todo en un tiempo limitado “porque un recurso puede tener 1000 páginas, pero la
Corte te da 20 minutos para el alegato, entonces hay que concentrarse bien”,
señala.
Quizás
no siempre la vaya bien, pero al menos los ministros de la Corte lo respetan, disfrutan
y valoran ese tipo de alegatos.
Algunas
de sus intervenciones circulan ya como leyenda en los pasillos de la Corte
Suprema, donde los abogados ultiman sus alegatos, como la vez que calificó el
argumento de su contradictor citando el verso de José Santos Discépolo: “Qué
falta de respeto, qué atropello a la razón”. No podía ser de otro modo si
Fierro es también melómano.
Esa pasión
por la litigación es la que dice está también presente en sus otrora compañeros
y compañeras de la unidad de Corte de la Defensoría.
“Una tremenda unidad operativa, pero que además tiene un componente académico y un componente de desarrollo sistemático de recopilación y análisis de jurisprudencia y de argumentación, cada uno de ellos con su estilo personal son excelentes litigantes ante las Cortes y un gran apoyo para los defensores públicos del país con excelentes resultados”, destaca.
Humanizar
Plantea
que es necesario humanizar la litigación, “todos los casos son diferentes, detrás
de cada imputado hay una historia y las motivaciones para cometer un delito son
de las más variadas”.
Por lo
anterior un defensor debe tener claridad de acuerdo a la especialidad de la
materia, ya sea la perspectiva de género, defender a los adolescentes o a un representante
de pueblos originarios a inmigrantes hay todo un relato detrás que hace que una
causa sea distinta. La defensa penitenciaria es una defensa también bastante
especializada que genera algún tipo de reticencia por parte de los tribunales ante
la ausencia de jueces de ejecución, pero también ante la falta de
especialización de los tribunales”, comenta.
Señala
que un argumento, un buen relato, permite educar a los jueces e incorporar nuevos
contextos de discusión, al respecto sostiene que la defensa penal pública a
través de la unidad de estudios y de cada una de las unidades de estudios
regionales han permitido levantar nuevos argumentos, generar nuevos debates
jurídicos “y eso ha sido gran responsabilidad de las unidades de estudios y,
particularmente, también de los defensores que todos han tenido algún tipo de
inspiración para poder plantear esos temas”, subraya.
Manifiesta
que el defensor local, tiene que conocer su tribunal, “no es el mismo relato
plano para todos, hay tribunales que son más cercanos a algún tipo de
discusiones, hay tribunales que son directamente un frontón, que son
impenetrables, pero yo creo que cada uno tiene que asumir su estilo, el
defensor, más que áspero, más que dócil, tiene que ser táctico y estratégico,
un defensor no puede plantearse siempre de la misma forma, tiene que adecuarse
según el caso”.
Mística
Fierro,
dice extrañar su paso por la Unidad de Corte y sobre todo la adrenalina de la
litigación diaria: “cada alegato es una hora de vuelo más que permite
consolidar un estilo, una forma de aproximarse al caso, una forma de
aproximarse a la sala, una forma también de aproximarse a los argumentos del
Ministerio Público, es una especialidad ser litigante de corte”, sostiene.
Aun
cuando esté ahora en el ámbito privado todavía transpira la camiseta de
defensor público “por todo lo que uno aprendió, por todo lo que se compartió,
por todo lo que uno entregó también, es imposible sacarse la camiseta de
defensor, desprenderse de la historia de una de las instituciones más
relevantes para el contenido del Estado de Derecho, como es la Defensoría Penal
Pública”, subraya.
“Es una Defensoría, muy profesional, tiene una
mística, que hoy las instituciones probablemente, a veces, la pierden, tengo la
impresión que la Defensoría Penal Pública, el día que pierda la mística, la
vocación de servicio público, va a perder el norte, pero no creo que eso pase
nunca”, indica.
Cuando
se le comenta que a mediados de los años 70 Silvio Marzolini, uno de los
mejores defensores del Club Deportivo Boca Juniors, se retiró del fútbol y del club
de sus amores, la revista El Gráfico tituló: “Silvio, el futbol sigue
correteando alegremente por tus venas”, alguien podría parafrasear “Claudio, la
defensa pública sigue correteando alegremente por tus venas”.
“¡Sí,
siempre!”, afirma.
Si se pudiera definir a Claudio Fierro, sería la de un
hombre de múltiples pasiones, litigación, literatura, fútbol, running, música,
enseñanza, por nombrar algunas.
Suele levantarse a las 5 de la mañana para hacer deporte,
cuando puede va a la feria, ya que debe preparar clases que dicta en cinco
universidades o los recursos ante las Cortes que les tocará alegar o bien capacitar
ya sea a jueces o defensores o analizar vía zoom por celular las causas con sus
colegas de oficina en caso que esté fuera de Santiago o viajando al extranjero
invitado a exponer, como de hecho lo hará en Madrid en los próximos días, pero
siempre dejará por la tarde una hora
diaria para leer, buen hábito inculcado por sus padres profesores.
Si alguien se preguntará ¿cómo a este tipo le alcanza el
tiempo para hacer todo aquello si el día dura 24 horas? llegará a la conclusión
que, para Fierro, a diferencia del resto de los mortales, su día debe durar 42
horas.
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