El diario argentino Perfil, del 13 de
septiembre, publica una entrevista a Philippe Sands, abogado ante la Corte Penal
Internacional, reconocido jurista y profesor en University College London,
quien estuvo a un tris de asumir la defensa de Augusto Pinochet, durante su detención
en Londres.
Sands es un “barrister”, abogados
que usan peluca y argumentan casos, los rige “el principio del taxista”.
“Somos como conductores de taxi: vamos manejando y alguien levanta la mano y
dice: “Quiero que me lleves para que argumentes mi caso”. No se nos permite
decir: “No me gusta esta persona. No me gusta su política. No me gusta su
aspecto”. Tenemos la obligación, el deber, de tomar el caso.”, afirma.
Su visión del rol de los abogados es que ser
abogado no es un negocio. “Tienes una función social como abogado: contribuir a
elaborar el sistema del Estado de derecho y a la administración de justicia. Y
eso significa que a veces actúo en nombre de personas que no me gustan, con
cuyas acciones no estoy de acuerdo, cuyas ideas políticas rechazo. Esa es la
realidad”, comenta.
Emmanuel Carrère en su libro V13, una
crónica del juicio a los imputados como autores de los atentados de París del
año 2015, que causaron la muerte de 130 personas, en el capítulo “Los
caballeros penalistas” describe al grupo de abogados denominados “secretarios
de conferencia”, no habría mayor prestigio en la profesión legal francesa que
llegar a ser secretarios de conferencia, son quienes ejercen como abogados de
oficio y asumen gratuitamente, durante un año, la defensa de los más
pobres.
Carrère, pregunta a uno de
esos “secretarios de conferencia” que defiende a uno de los acusados en el
juicio de los atentados de París, si existiría un límite o causas que se
negaría a defender. “Si me preguntas eso es que no has comprendido que es ser
abogado, yo no defiendo ninguna causa, pero no rechazo a ningún acusado”,
responde el defensor.
“Por poner el ejemplo en los delitos peor
vistos, evidentemente no defendemos la pedofilia o el terrorismo, pero estamos
dispuestos a defender a un pedófilo o a un terrorista Hay que defenderlos, es
la ley, es esencial distinguir entre la persona y el acto. Ser abogado es eso;
hacer todo lo posible para que el acusado se le juzgue con arreglo al derecho y
no según las pasiones. Y luego, cuando todo el mundo le haya dado la espalda,
ser el último en tender la mano de nuevo”, subraya.
Como en nuestra tradicional
mentalidad inquisitiva judeo cristiana, priman las pasiones, frecuentemente
escuchamos ¿Cómo es posible que se preste defensa penal publica a delincuentes?
se cuestiona, además, que la defensa sea otorgada con recursos públicos.
Incluso, en un sesgo
machista, se critica aún más cuando en delitos sexuales el defensor sea mujer o
se le pregunta qué siente como mujer cuando defiende a un violador, pregunta
que, por cierto, no se le hace a un defensor varón.
Quizás si esa atávica
mentalidad acusadora la heredamos desde el juicio que llevó Dios en contra de
Adán. El creador fue juez y parte, lo acusó y condenó a ser expulsado del
paraíso, fue un juicio sumario, no hubo debido proceso, ni tuvo Adán un
defensor.
Muchos quisieran que ese tipo de
procesamiento penal se practique hoy en día, la mera detención o acusación
baste para condenar, sin gastar tiempo y dinero en respetar garantías
procesales de las personas, porque en el Edén y en la justicia divina no son
necesarios defensores ni tampoco taxistas, pero vivimos en un mundo terrenal,
impera la justicia de los mortales, no existe verdadera justicia sin defensa,
aunque ahora a los taxistas les llamemos Uber.
La justicia debe ser ciega
ResponderEliminarEstupendo y oportuno texto Héctor. En toda Latinoamérica se cuestiona, hoy mas que nunca, la función de los defensores, públicos o privados, que asumen defensas de casos mediáticos o delitos de "alto impacto"
EliminarA lo largo de mis 12 años como defensor, siempre he escuchado críticas al "roll del defensor", sea público o privado, sobre todo en casos mediaticos.
ResponderEliminarAsí como he unido familias y se me ha abrazado con auténtico cariño, también he sido víctima de calumnias, difamaciones y amenazas.
Este breve texto, que goza de un sentido común extraordinario, sirve para comprender cuál es el papel de la defensa en una sociedad democrática.
Me encantó la comparación entre el defensor y el taxista.