Un 17 de agosto de 1850, pobre y olvidado, fallece en Boulogne-sur-Mer, Francia, el libertador de Argentina y Chile, José de San Martín, casi ocho años antes, un 24 de octubre de 1842, exiliado en Lima, Perú, había muerto Bernardo O’Higgins.
Si consideramos a O’Higgins, el Padre de la Patria y si
por ser ambos miembros de la Logia Lautaro, debieron llamarse hermanos, San
Martín, vendría siendo, entonces, como nuestro Primer Tío de la Patria,
por lo que hay más lazos que nos unen, de los que nos separan, con
el vecino país trasandino; además, cuántos de nosotros, no tenemos un tío
que, ya sea por trabajo, exilio o buscar aventuras optó por radicarse en
el país del sol inca de Belgrano de la celeste y blanca.
A 175 años de la muerte del prócer argentino, vale la
pena recordar una de sus frases que ya se la quisiera como máxima de vida
quien se precie de liberal: “Seamos libres, y lo demás no importa nada”.
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