En su carta del sábado en El Mercurio, Carlos Peña, señala: “Si es verdad que Jeannette Jara está atada a las convicciones de Lenin y que abriga la voluntad seria de imponer la dictadura del proletariado, y que impondrá esa voluntad a la coalición, entonces parece obvio que si gana se acabará la democracia. Pero si eso es así, entonces, ¿por qué no impedirle que participe y emplear todos los medios para lograrlo?”
La sutil ironía de Peña, no hace más que recordarnos el artículo 8 de la Constitución Política de la República de Chile, que, durante
la dictadura militar, establecía la proscripción de los partidos políticos que
promovieran doctrinas que atentaran contra la familia, la democracia o el orden
público. Como fue derogado el año 1989, más de alguno de esos fervientes
críticos de la candidatura de Jara, deben pensar si su derogación no fue sino
el sapo que se tuvieron que tragar para vestirse de demócratas.
La derecha no cree en la democracia, apenas la soporta. Milei es el sapo paradigmático
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