Debo la adicción por los completos a mi madre, cuando recibía su sueldo de profesora en Natales, era sagrado ir a la fuente de soda El Cristal, por un completo tradicional, esos de solo pan, salchicha, chucrut y mayonesa, debido a la escasez de frutas y verduras en la zona no se acostumbraba agregarle palta ni menos tomates, tampoco salsa americana, aparecieron mucho después, eso sí harto ají JB y mostaza, que nunca debe faltar como su complemento ideal, nada de ponerle kétchup, que siempre sabe repugnante.
Las
pocas ocasiones que viajábamos a Punta Arenas, el lugar ideal era El Lucerna o
el Café Haití en calle Bories. Cuando me fui a estudiar a Valparaíso mi
almuerzo obligado era un especial tomate en un local ubicado en el segundo piso
del Portal Álamos en Viña del Mar.
Mientras
que cuando vivía en Temuco, ya sea en el Zamba y Canuta o Rapa Nui, de calle Aldunate
y años después en el Ñam-Ñam, ubicado frente a la oficina de correos, en calle
Prat con Portales, sucumbí a los completos con salsa americana, palta y
tomates.
Pero
de todos los que probé en mí vida – y han sido hartos- los más sabrosos fueron
los de Ballesteros en Avenida España de Punta Arenas, un pequeño local cerca de
la pensión de mi tía donde vivía mientras estudiaba mi enseñanza media. Era un
completo simple, pero mucho mejor que los del Cristal de Natales, preparados
por su propio dueño un antiguo dirigente deportivo del Club Chile en Punta
Arenas, no sé si era el pan, la vienesa o mayonesa casera que le daban un sabor
especial.
El
local de Ballesteros ya no existe, en su lugar el hijo del dueño puso una
veterinaria y no se piense que se llama “Hot Dog” o “Perros calientes. Le sigue
en la lista de mis completos favoritos, los del Café Mónaco, también en Punta
Arenas, propiedad del hombre de radio “Cocho" Cárcamo, pero el Café Mónaco, tampoco existe.
Los
completos están presentes a lo largo de mi existencia, más que la promesa de
juntarse a tomar un café, preferí siempre el juntarse a comer un completo.
Como
no solo de maná vive el hombre, creo que el menú de San Pedro en el cielo
incluye completos, si bien por hipercalóricos y alto contenido graso tienen sus detractores,
dirán que dicha comida chatarra es a la carta del Diablo. Pero, seamos francos, si imitando a Rimbaud, hasta el más santo de los mortales deberá pasar su temporada
en el infierno, sea ya en el inframundo o en la corteza terrestre, nadie le haría asco
a un exquisito completo, aunque fuera uno tipo de esos que los argentinos conocen
como “Pancho”.
Un cuarto de siglo que resido en Punta Arenas, para los partidos de fútbol profesional, Copa Libertadores o de la selección nacional afín de sentir el ambiente de estar en el
estadio iba al Lomito´s de calle José Menéndez a ver el partido por televisión y pedía un completo, al pitazo
final resultaban ser dos y, si había alargue, fácilmente tres. Hasta que en casa saqué
cuentas y encontré que era mejor contratar el canal de futbol y
prepararme yo mismo los completos.
No
soy persona religiosa, pero la preparación fue convirtiéndose en un ritual, con
la radio en la cocina transmitiendo la previa y el televisor con el canal del
fútbol en el living del hogar, aunque ustedes compartirán conmigo que los de
casa nunca saben igual que los del mesón de un local, ¿será la pizca justa de salmonella
el ingrediente secreto que los deja espectacular?, aun así, en la placidez
hogareña, pecaba de gula en solitario.
Hace unos meses fui invitado en la pega a una completada, como los días pasan rápido y nada los detiene llegaron también canas, arrugas y los achaques de la vejez, ya no puedo comer embutidos ni mayonesa y un completo vegano me resulta artificial, tanto como la cerveza o el vino sin alcohol, por lo cual la tentadora invitación rechacé y con ello privé a mis compañeros de sentir vergüenza ajena de ver como la palta, mostaza y ají chorreaba por mi bigote y barba manchando corbata y camisa.
Pero, también, no acudí porque a mis 63 años, evito socializar, ni siquiera en grupo de wasap,
cuando lo hago critican que interrumpo siempre, dicen que no dejo hablar, que
todo lo encuentro mal y, para peor, lo que para mí es una sutil ironía la interpretan
como un sarcasmo brutal.
No
es que me suceda lo de Slavoj Zizek que afirma que con los años se volvió misántropo,
pasa que no puedo quedarme callado ni morderme la lengua, tomo anticoagulantes
me haría llagas, desangraría, caería al hospital y el cardiólogo me reprendería
por mi conducta irresponsable.
De
ahora en más, no acudiré a ágapes, menos completadas, asados ni tallarinatas. Pero no es por ser descortés, siendo yo tan egoísta también me preocupa la salud de los
demás, temo que mi sola presencia y lengua viperina los pueda indigestar.
Te faltó el de Talca
ResponderEliminarEstimados, te faltaron los completos del Cevasco, En Calle Valparaíso, Viña
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