Genial, loco y peligroso
El poeta natalino Hugo Vera Miranda cuenta
que lo primero que pensó cuando recibió la invitación fue que “era una broma
pesada más. Una jugarreta concertada por amigos y enemigos. No lo podía creer.
Si ni siquiera me habían invitado al bar más próximo de casa”.
Después de todo se había quedado
hace poco sin su pega de jornalero en los trabajos de la carretera del Parque Nacional
Torres del Paine y no habiendo recién dejado pala, chuzo y picota debía, ahora,
embarcarse en el bus a Punta Arenas para tomar un avión rumbo a Santiago, hacer
escala en Lima hasta llegar a Caracas, aparte de su humanidad llevaba consigo “El
viajero solitario” de Jack Kerouac, una vieja edición Losada de 1965, pero que,
dice, ni siquiera hojeó en todo el trayecto.
Resulta que había sido invitado por
el Ministerio de Cultura de Venezuela, el Cenal y la editorial El perro y la
rana, para participar en la 12ª Feria del Libro de Venezuela y le publicarían su nuevo libro “Inmaculada
decepción”, una selección de relatos y prosa poética de su blog del mismo
nombre.
El libro, prologado por el escritor
argentino Miguel Mazzeo, contiene ilustraciones del madrileño Javier Molinero, en suma “toda una
multinacional para mi primer libro en Venezuela” comenta Vera.
A Hugo lo que más le impresionó de la
versión de la Feria Internacional del Libro venezolana, dedicada a Francia y a
la figura de Francisco de Miranda, aparte de encontrarse con varios escritores
galos que circulaban por los stand, fue que “hubiera mucha gente adquiriendo
libros, accesibles para todo público y la gran cantidad de niños con libros en
las manos”.
Durante la semana que estuvo en la
República Bolivariana aprovechó de reunirse con gente de la editorial, sostener
diálogos informales con la presidenta del Cenal, Christiane Valles y con el
Ministro de Cultura Freddy Ñáñez, “un
amable tipo de jeans y polera”.
Pareciera ser que en Venezuela están
fascinados con la escritura de Hugo, y no solo porque sea tocayo del Comandante
Chávez, tanto que tiene ahora un agente literario, Danybal Reyes Umbría, quien
le ayudará a encontrar lectores en “lugares insospechados” lo cual facilitará su
trabajo de escritor, más aún si como el mismo Hugo confiesa “bien
sabemos que el escritor es un ente solitario y que escribe, en mi caso, para un
solo lector que soy yo. O a lo sumo para tres o cuatro amigos, que es posible,
que tampoco te lean”.
En Caracas, ya sea por petición propia
o no, visitó la casa y el panteón de Bolívar “lo más grande que ha dado esta
América y el mundo”, el lugar donde daba clases Simón Rodríguez, la casa de
Bello, el Cuartel de la Montaña donde está el panteón de Chávez “lugares –dice-
donde se escribió la historia de esta América Latina maravillosa”.
El caso es que Vera volvió maravillado
de Venezuela y los venezolanos “un pueblo magnífico. Pareciera ser que te
conocen desde hace mucho. Son gentiles, serviciales y están pronto a allanarte
el camino. ¡Son increíbles! Dejo amigos imborrables allí en Caracas. Espero
volverlos a ver. Ya sea allá, acá o en cualquier lugar del mundo”.
Y sobre el recurrente comentario de la
belleza de la mujer venezolana, acota “son
tan lindas como en cualquier lugar del planeta. Pero allí son un poco más
lindas. Debe ser el Caribe o no sé qué. He vuelto enamorado de todas ellas.
Incluso de alguna fea que se me cruzó por el camino”.
Y, a riesgo de parecer políticamente
incorrecto, sobre Hugo Chávez comenta “fue un gran líder de su pueblo y una
gigantesca figura latinoamericana”, por ello lamenta que olvidó traer una boina
granate venezolana del mismo color de su equipo de fútbol preferido Lanús de
Argentina, porque Vera es futbolero
vistió la camiseta del Club Deportivo Natales e integró el año 1974 la recordada
selección local que participó del
Nacional de Fútbol Amateur jugado en Castro
Escritura
perturbadora
Hugo bromea con la hipotética cadena
de distribución de su libro “se puede comprar en el Unimarc, me dijeron que
están al lado de botellas de Ron, también en El Super Mix, te lo dan de vuelto
junto a caramelos en la caja”.
Pero lo cierto es que Inmaculada
decepción es una desbordante, desenfrenada y, en ocasiones, sobre erotizada prosa
poética característica de la escritura perturbadora del vate natalino, que de
caer en manos de fundamentalistas feministas despistadas no desfallecieran
hasta ver quemado los mil ejemplares de la edición en la plaza pública del
pueblo, porque linchar al poeta sería delito.
De ocurrir aquello no las odiaría,
porque Hugo reconoce que el rasgo principal de su carácter es el de estar “siempre
enojado por fuera y contento por dentro”, y de odiar algo “odio el odio”, recalca, no obstante ello al personaje
de la historia que más desprecia es “a
un profesor que me dijo un día: tú nunca llegarás a nada. Tenía razón”.
Es que Hugo Vera singularizando el
verso aquel del poeta colombiano Gonzalo Arango es “genial, loco y peligroso”, en
su escritura suele transitar con el mayor desparpajo del larismo al surrealismo y de ahí saltar, como si nada, al
nadaísmo.
No es un poeta de academia, sino más
bien de calle y almacén de barrio, a diferencia de muchos no descubrió la
poesía en centros de estudios superiores y no suele lucrar haciendo clases de
literatura en universidades.
Lo suyo es un trayecto poético
presente en calles o bares natalinos o el restaurante Cristal local este último
recurrente en los relatos paridos en la codiciada biblioteca que Hugo tiene
calle libertad 200, un pequeño Buenos Aires en Puerto Natales, donde hasta hace un par de años sus abuelos tenían
un almacén de abarrotes que él atendía.
Allí, suele recibir a sus amigos a
quienes les repite que su héroe de ficción preferido es “Jesucristo” y su heroína “La Virgen María”. Porque si de admirar a alguien se
trata para ello tiene a su centenaria abuela María Miranda y a su hijo Hugo Vera Parra.
De sus amigos, casi sus discípulos, porque no
existe escritor o poeta en Natales que no haya sido influenciado por su pluma
avasalladora, aprecia que “me pregunten a cada instante si soy feliz”. Son precisamente
estos que lo tientan a realizar un
lanzamiento del libro, aun sabiendo que es reacio a tales eventos
“Algunos amigos quieren hacerlo. Fue
su primer impulso. Luego como sucede por acá, la cosa se fue diluyendo. Tampoco
mi primer libro se presentó en mi pueblo. Entiendo que la gente tiene cosas más
importantes que ir a una presentación de libros. Como, por ejemplo, ir a
comprar cervezas al negocio de la esquina”, reflexiona el poeta.
Hoy Hugo
tiene un oculto sueño de la felicidad: “Estar en Saint Tropez con Brigitte
Bardot y que ella tenga 20 años y yo 16. Bueno, yo 18, por eso de la censura y
esas cosas”, y su mayor desgracia sería “que al despertar siga siendo Hugo Vera
Miranda”.
Como
todo escritor no rehuye hablar de la muerte dice que le gustaría morir de una “sobredosis
de felicidad”, sin embargo por estos días está dedicado a su ocupación preferida:
“Buscar las llaves de la puerta de casa que perdí”.
Su
espíritu está “tranquilo y expectante, esperando la llamada que me haga
agregado cultural en Venezuela” y si ha de entregar consejo exclama “escucha
bien lo que te digo. Nunca me hagas caso”.
Fue Roland Barthes quien definió al
mito como un habla, en el mundo literario
magallánico y nacional, en Buenos Aires y Caracas, Roma, París y Madrid,
se escucha el mito de un poeta que escribe versos y relatos en un almacén en
Natales, que en los años 80 editó la revista Trauco en Buenos Aires, publicó el
año 2005 el libro de versos “El tigre de la memoria” y edita un blog de
literatura en internet.
“Inmaculada decepción”, tal vez no
será un best seller, tampoco estará entre los libros más vendidos de la Revista
de Libros de El Mercurio, más bien será un libro de culto, un objeto preciado,
del cual unos pocos privilegiados podrán decir que tienen un ejemplar de la primera
edición, algunos incluso autografiado por el propio autor, como el ejemplar que
atesora su prima, una matrona de la unidad de neonatología del hospital clínico regional a quien el poeta escribió “A
Yislén, que me regaló mi primer libro gracias por todo”.

Comentarios
Publicar un comentario