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Ojitos de benceno

Dicen que los sueños vuelan en aerosol al norte son hilarantes e inhalantes y ocupan un lugar destacado en el imaginario alucinógeno regional. De manera oculta o pública, con la osadía que entrega el adolescente presentismo border line los ojitos de benceno recorren Magallanes cargando botellas de Duco, púberes pintores de Altamira, pasajeros autodestructivos del diluido viaje hediondo hacia el  primitivismo, asumiendo concientes el riesgo de sequedad neuronal  y de un cerebro frágil como de baquelita.

Cuando el dependiente ferretero se niega a vender el diluyente, está también la bencina: “estanque lleno por favor”, y no precisamente para ser pilotos de turismo carretera en el Autódromo de Cabo Negro, ni en el rally Las Tres Horas de Natales o el Gran Premio de la Hermandad en Tierra del Fuego.

Si las monedas no alcanzan, sabemos que la gasolina está muy cara, no falta el chico precavido que hurtó el desodorante ambiental del súper o lo sacó del hogar oculto en la mochila aquí la preferencia por el Poett la lleva, aunque también el Quik salva, pero si se quiere estar  a la moda nada mejor que cera abrillantadora para vehículos porque definitivamente: “Hoy es un mal día para dejar de inhalar”.

A orillas del Estrecho, bajo los puentes del Río de Las Minas, entremedio de los follajes de los pinos, escondidos en las trincheras de sitios eriazos o a bordo de las chatarras de autos abandonados los James Dean bencénicos corren a toda máquina, gracias a la 93 sin plomo, rápidos y furiosos, pero, para mala fortuna, ocurre a veces que un pucho encendido provoca un incendio en el habitáculo deformado del coche repleto de infancia. El narcisismo mocoso les impide darse cuenta que la vida los sobrepasa  y, a la velocidad que conducen, no hay quién, ni cómo darles alcance.

Cada cierto tiempo un chico o chica encontrado en la calle engrosa el obituario magallánico otros, la lista negra de formalizaciones penales en los tribunales por culpa del blackout: “¡No sé qué me pasó!, me fui a negro, se me apagó la tele”.

Nadie sabe quién, cuándo y cómo se importó esa atávica pasión solvente gitana y, aunque parezca increíble, en tiempos de marihuana, cocaína y éxtasis lo que para gran parte del país podría verse como un consumo añejo, más propio de los años ochenta, en Magallanes es una realidad del siglo XXI.

El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación de Drogas y Alcohol (SENDA) en su página web da a conocer el XI Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar, mientras que a nivel nacional el consumo de inhalables fue de 5,5%, en Magallanes fue de 10,7%, el más alto del país. Es ya una constante que Magallanes en los estudios ocupe un sombrío lugar de privilegio.


Pero el estudio arroja que Magallanes ocupa, también, el primer lugar en consumo de cocaína y tranquilizantes; segundo en marihuana y tabaco; aunque como no todos los datos serán negativos, desterrando el mito aquel de que en la región austral se bebe mucho el estudio consigna que los escolares magallánicos ocupan un honroso último lugar en consumo de bebidas alcohólicas.   

De un tiempo a esta parte, han sido las niñas magallánicas las que han estado más dispuestas a iniciarse en el consumo de solventes. El estudio, señala que un 11,9% de las niñas encuestadas, el más alto del país, dice haber consumido el último año muy por sobre los varones que son el 8,2%   también el más alto del país.

Las fans de Britney Spears: “Baby one more time”, buscan mutar sus rostros por caritas de animé tornasol. Quizás si la primera inhalada coincida con la primera escapada del nicho parental o la fuga del hogar de menores y conlleve, también, una temprana  iniciación sexual.


Así, el por siglos limpio aire patagónico corre riesgo de volverse asfixiante para los infantes ya que, como señala el estudio, los inhalables han penetrado con fuerza en niños y niñas de los octavos y primeros años medios donde la cifra alcanza a un 8,3% de consumo. Es que la etérea felicidad circula volátil, los sueños arcaicos viajan nadie sabe adonde, pero como con la tristeza no basta tal vez es tiempo que los despertemos.

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