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Héctor Mario y sus carteles

Si algo  graficaría las marchas contra las AFP en Punta Arenas, aparte  de ese verso cuasi parriano: “Nunca he despreciado yo a los viejos, porque sé que un día, viejo yo seré”, es la imagen de don Héctor Mario Rabanal Canto, de 71 años, portando el cartel “No + AFP” al revés.


No faltó quien al verlo, sonrió compasivamente, creyendo que Héctor Mario estaba gagá, al fin y al cabo el mal de Alzhéimer nos acecha, a cualquiera le puede pasar, y por eso de la siquiatría comunitaria que pregona el doctor Juan Vukusic, hoy convivimos diariamente con nuestros locos, incluso participan del Carnaval de Invierno, no sería extraño, entonces, verlos sumarse a las marchas por las demandas sociales.

Pero resulta que Héctor Mario no es que fuera “un viejo leso que andaba con un letrero al revés", como él mismo reconoce que mucha gente debe haber pensado, sino que lo suyo fue una irónica performance fríamente calculada, casi un acto socrático con el fin de motivar una interrogante.

“A muchos que les llamó la atención y me preguntaban ¿por qué lo llevaba de esa manera? les respondía que el mundo parece estar patas pa’ arriba, las AFP están al revés porque fueron creadas para administrar y no para robar”, explica detrás del mostrador en su almacén “Trapananda” de la población  Gobernador Viel. Si acaso el lenguaje, ya sea verbal o no verbal, construye realidad lo de Héctor Mario no hacía más que dar cuenta de un hecho, para muchos, cierto y verdadero.

Sin embargo no es la primera vez que incursiona en carteles sociales ya en la primigenias movilizaciones  por el alza del gas de mediados de la década pasada, reclama como de su autoría la frase “El gas para la estufa y no para la estafa” que pintó en el parabrisas trasero de su colectivo, frase que años después en el estadillo social del año 2011 tuvo gran repercusión.

Esa cercanía con las letras, aunque  la tiene de niño, la cultivó más aún en su estadía en Comodoro Rivadavia donde proveniente de Puerto Aysén residía con sus 9 hermanos, allí con su gemelo José Alberto aprendieron el oficio de pintar letras en carteles publicitarios y comerciales.

Cansado de vivir bajo los golpes militares argentinos, de Onganía en adelante, el nacionalismo exacerbado, la persecución ideológica y el hecho de que buscaban y creían ver espías chilenos en todos lados, decidió venirse a Punta Arenas donde estaba uno de sus hermanos, después llegaron los otros.

“Soy parido en Puerto Aysén, criado en Coyhaique, crecido en Lago Argentino y envejecido en Punta Arenas”, expresa cuando le preguntan por sus orígenes.

Ese cariño por el terruño le llevó un día a pintar “Trasportes Aysén” al camión de juguete de un sobrino, su hermano vio en aquello el nombre perfecto para un negocio que iniciaba, hoy la “Envasadora Aysén” es una prestigiosa marca registrada en la Patagonia.

Pero Héctor Mario tenia lo mejor guardado para su mujer, porque cuando instaló un almacén para que ella lo trabajara le llamó “Trapananda” (Tierra adentro, lejana e inhóspita) que dice, es como en tiempos de la colonia se denominaba a lo que hoy conocemos como Región de Aysén.

Quedó viudo cuando  faltaba poco para que con su esposa cumplieran las bodas de oro; hoy vive con su hija que es profesora de Historia, Geografía y Educación Cívica en el Liceo Luis Alberto Barrera, y sus nietos, el otro hijo Técnico en Construcción trabaja en Puerto Natales.

Con sus encanecidas patillas y mostachos inconfundibles atiende y conversa con los vecinos que acuden diariamente a su boliche, luce a la usanza gauchesca un pañuelo al cuello, costumbre que aclara no trajo del otro lado del alambre, sino que como con su gemelo aprendieron a pintar letras a la manera argentina, con corbata y sombrero a lo Gardel que denotaba calidad y pulcritud en el trabajo, cuando llegaron a Punta Arenas ello era mal visto, casi una arrogancia, así tuvo que sacarse la corbata, pero como se resfriaba mucho y nunca gustó de usar bufanda, un médico le recomendó pañuelo.

Por estos días Héctor Mario recibió la visita de su gemelo que reside en Santiago y se dedica al tallado de carteles en madera, revivirán viejas andanzas como la vez que para hacer una talla a sus amigos del Club Deportivo DIMA, en los albores de lo que sería la Corrida Nocturna de San Bernabé, en pleno invierno magallánico y con la nieve hasta los tobillos, José Alberto suplantó a su hermano que iba ganando la carrera, pero con el cuerpo frío no pudo correr más que unos metros y se fue de bruces a la nieve.

O  cuando Héctor Mario como segundo guardalínea en  un partido definitorio para ir al Nacional de Futbol Amateur entre las selecciones de Porvenir y Punta Arenas jugado en la vecina orilla, tuvo el coraje de expulsar de la cancha al gobernador militar de la Provincia de Tierra del Fuego que ingresó al rectángulo a reclamarle porque levantó la bandera y se anuló un gol al equipo local que causó una batahola tal que el partido se suspendiera.

“Soy comunista para todos y ni yo sabía lo que era, posiblemente lo sea,  pero no de partido, no tengo militancia política aunque en un principio estuve en el Padena (Partido Demócrata Nacional)”, aclara.

Para Héctor Mario, con alegrías y amarguras, la vida ha sido feliz, aun así hay cosas que le molestan -no sólo las AFP- otra es que por años de trabajar de manera segura su negocio de abarrotes, cierto día , a media tarde, y a plena luz del día, un par de malandras luego de robarle le destrozaron la puerta y el ventanal de su negocio en calle El Ovejero.


Pero lo que le suele dar más pena es: “Ver que la juventud viva tan encerrada y buscando las cosas fáciles o que se den situaciones como que un mocoso chico le pegue a otro más chico para sacarle el celular y salir a cazar pokemones”, reflexiona Héctor Mario mientras atiende a un fiel cliente del barrio que ingresó al boliche y precisa un kilo de pan.  

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