Si Segundo Reyes hubiera escuchado la propuesta de Alberto
Mayol de un tren rápido para unir todo Chile estaría feliz. Como buen
socialista y ferroviario jubilado que era, de fogonero llegó a maquinista de segunda, aunque admiraba
a Ricardo Lagos esta vez optaría por Mayol.
Pero en los noventa don Segundo sucumbió ante las secuelas de
la maldita diabetes y no alcanzó a emocionarse
con Ricardo Lagos ingresando triunfante a La Moneda el año 2000.
Quizás fue mejor para él porque se evitó consignar en su
bitácora de viaje la desilusión no sólo de que la pretendida modernización del tren al sur de
Ricardo Lagos resultara ser en la práctica la vía más expedita a un fraude,
sino también que el primer presidente socialdemócrata de Chile impulsara las
concesiones de las carreteras por sobre mejorar la vía férrea.
Porque Lagos reprodujo, sin quererlo, por cierto, el apoyo
que el dictador Pinochet entregó a los camioneros de León Vilarín
por haber contribuido con sus movilizaciones al golpe militar dejando que
se pudran los durmientes, se oxiden los rieles de los ramales y las estaciones
de la otrora gloriosa Empresa de Ferrocarriles del Estado, ya que si de algo
utilizó la dictadura los rieles fue más bien para atar los cuerpos de los detenidos desaparecidos que desde los
helicópteros lanzaban al mar.
Pero Mayol conoce que el desarrollo
histórico de las ciudades ha sido al alero de las vías férreas, y que en los
países desarrollados los trenes son uno de los principales medios de transporte
contribuyendo a la conectividad del país tanto en el transporte de carga, como el
de pasajeros.
Tan felices como hubiese estado don Segundo, estuvieron los
argentinos cuando la, por entonces, Presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la puesta en
marcha del proyecto de un tren bala para la Argentina, que, a la postre, resultó
ser nada más que un tren fantasma.
Los magallánicos también nos alegramos con lo propuesto por
Mayol, toda vez que la Carretera Austral, el sueño de grandeza que tuvo Pinochet
y que anunció llegaría hasta Puerto Natales, los natalinos esperan vivir lo
suficiente para contar que recorrieron la huella.
Si de verdad el tren rápido de Mayol -que como debe ser ateo no
comulga con ruedas de carreta y aunque
recién es precandidato ya piensa como estadista- conectaría a todo el país y no
sea como siempre que Chile llegue hasta Puerto Montt su vía férrea quedaría, entonces,
como la gran obra en infraestructura ferroviaria de la historia, dejando como mero
juguetito al viaducto del Malleco.
Podría ser, incluso, más grande aún que el Transiberiano,
porque en la región austral se podrían aprovechar las buenas relaciones con nuestros vecinos
para inaugurar el asombroso Transpatagónico que cruzaría Campos de Hielo Sur, habría
nada más que engarzar con el tren bala de Cristina y, quién sabe, si hasta lo
podría conducir don Segundo.
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