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Con el arco invicto


“Debes ser como un arquero, qué no te pasen goles“, me apasionaba el fútbol y encontré formidable esa analogía recetada por el siquiatra en la última sesión para tratar mi afición al alcohol desde los 15 años que, entonces con 29, era ya una adicción.
Corría  el año 1991 Colo-Colo ganaría la Copa Libertadores de América, Morón era el guardameta albo y yo también trabajaba de portero, como auxiliar de servicio abría y cerraba la puerta en la asistencia pública del Hospital de Punta Arenas.
Me daba por enterado, entonces, que para provocar un real vuelco a mi existencia debía transcurrir atento bajo los tres palos. Pero así como Misael Escuti dicen que era casi ciego, aun cuando yo no tenía guantes de mantequilla, mis manos sí eran muy temblorosas. Pero ya estaba hecho era cosa de comenzar el partido nomás,  después de todo de niño había incursionado, con poca fortuna, bajo los tres palos,  claro que ahora según el consejo del galeno debía jugar casi como profesional.
Con esa mentalidad llegué el 92 a Temuco, estuve  8 temporadas, la dedicación que puse me hizo pensar que estaba para probarme en el Santos de Pueblo Nuevo, ese club amateur donde surgió Marcelo Salas, si hasta soñé que el Míster Roque Mercury me llamaba a Deportes Temuco.
Porque yo era un arquero arriesgado, le copié el estilo al loco Gatti, nunca me encerré ni evité lugares donde se consumía y mantuve imbatible mi portería, retomé los  estudios y volví a Magallanes titulado.
Pero llegó un día en que me cansé del récord de 6 millones 307 mil 200 minutos invencible, pensé que poco importaban unos goles si el partido lo tenia ganado.
Se sucedieron así seis años de campeonatos horribles, porque en lugar de que me hicieran goles, yo me convertía autogoles, cuando embolsaba la pelota la pateaba fuerte hacia adelante pero se devolvía y metía al arco, le echaba la culpa al clima aunque ocurría jugando con viento a favor y  en contra.  
Era una calamidad me había regresado el temblor de manos y hasta el más maceta conmigo al arco festejaba. Decidí entonces volver con el siquiatra.
-¿Se acuerda de mí, estoy hecho un desastre? perdí el invicto, me golearon-
Me sugirió retomar los entrenamientos y con ese etílico rictus rosáceo que llevo tatuado tuve que aprender de nuevo a atajar, reconozco eso sí que los primeros años hube de jugar infiltrado, hasta que recuperé la confianza y aunque sea poco reconocido el deporte aficionado a mis 52 años llevo 2 millones 443 mil 680 minutos invulnerable jugando diariamente en la Liga Popular. Tal vez no alcanzaré a batir mi récord, porque el puesto de arquero no está exento de malas rachas.

Si alguna vez logran batirme me sentiré derrotado, pero esto es fútbol y lo lindo de este deporte es que como dijo Carlitos Tévez, luego de convertir el penal con que Argentina ganó a Colombia y pasó a la semifinal de la Copa América 2015: “El fútbol da revancha, pero lo que pasó, pasó”.  

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